En las primeras horas de la madrugada del Jueves 13 de Febrero obtuvo media sanción la ley de Modernización Laboral/Reforma Laboral, hecho posible por 1) el enorme consenso (léase: todos los partidos políticos con representación parlamentaria en el Senado) que tiene desde hace tiempo la necesidad de incrementar la explotación de la fuerza de trabajo, y 2) por la capacidad de negociación de las cúpulas sindicales, que a cara descubierta sostuvieron sus negocios (cajas sindicales, obras sociales, cuota sindical, monopolio de la representación, etc) mientras entregan a sus representados y no representados… Así las cosas, y aunque falte todavía la cámara de Diputados, el “trabajo sucio” ya está hecho; no será extraño en adelante, cuando el tiempo barra inexorablemente con esta lacra gobernante, que veamos a quienes nada hicieron señalar a un solo responsable.
Luchando contra la inmundicia
La cuota solidaria, una de las principales “cajas” sindicales que se acumula tras los miserables acuerdos paritarios, se mantendrá. Lo mismo sucederá con los aportes a las cámaras empresariales. En cuanto a la negociación colectiva, se imponen los convenios por empresa sobre los convenios por actividad o rama, lo que en principio debilita la posición de los trabajadorxs. También se cae la ultraactividad de los convenios colectivos, se reduce el cálculo indemnizatorio, que ya no contemplará ítems como el aguinaldo y las vacaciones, se derogan algunos estatutos (como el del Periodista), se establecen vacaciones “flexibles” y regímenes “voluntarios” de banco de horas. Lógicamente, se amplía el número de “servicios esenciales”, con lo que en caso de acciones de protesta (huelgas) se deberá garantizar una prestación mínima del 75% y 50%. Y un punto catastrófico: los sindicatos podrán realizar asambleas “siempre que ello no afecte el normal desarrollo de las actividades de la empresa ni cause perjuicio a terceros”, lo cual limita al extremo la práctica deliberativa por excelencia de lxs trabajadorxs, que incluso deberán pedir autorización previa al empleador para el horario, la duración, y su realización. El remate: el trabajador no devengará salarios durante el tiempo que dure la protesta. La ley contiene innumerables ataques de este tipo, como la reducción del salario si el trabajador registra un accidente ‘voluntario’ o si necesita licencia por enfermedades…
Frente a semejante ataque, histórico y difícilmente reversible, a la condición de lxs trabajadores, la respuesta fue una burla mayor:
como todxs pudimos ver, el sindicalismo cordobés se la jugó con volanteadas, paseítos por las plazas, y escuálidos actos
donde solo repiten amenazas de medidas como paros que jamás concretan, demostrando toda su debilidad y complicidad. Arrastrados a la
figurita política de ocasión, mendigando puestos en las listas para elecciones, y por otro lado, asfixiando corrientes opositoras (su
deporte favorito), el sindicalismo mostró su peor faceta.
Con todo, lxs trabajadores de CONICET decidimos salir a las calles, buscamos articular con sectores que no se rinden, discutimos,
debatimos, exigimos medidas contundentes a la altura del ataque que estamos sufriendo, y sobre todo, denunciamos a lxs cómplices
de esta situación.
La sorpresita del Jueves…
A pocos días de obtener media sanción en senadores, la inclusión sobre la hora un artículo que reduce el pago de licencias por enfermedad o accidentes hasta un 50%, conmovió a la CGT, que convocó a un paro nacional –sin movilización, es decir, sin que lxs trabajadores se encuentren en las calles- ya que se trataría la ley en Diputados con la probabilidad alta de que de inmediato se pase votación. Como puede leerse en cualquier medio de información, este -hasta ahora- paro no nace del clima general, pues lo que lo provocó el cambio de la posición negociadora/cómplice de la CGT fue un episodio puntual: cuando transcurría el debate en el Senado, el oficialismo incorporó durante la madrugada la modificación del régimen de licencias por enfermedad, sin discusión previa y fuera del texto original –como casi toda la ley-; y al ser conocida, el sindicalismo lo interpretó como una ruptura de los “acuerdos informales” con el gobierno. Es decir, este paro no obedece a un plan de lucha ni nada que se le parezca; es un pataleo por trampeletas entre gobierno y jerarcas sindicales. Sin embargo, debemos aprovechar cada episodio de estos movimientos involuntarios para profundizar el descontento entre nuestrxs compañeros de clase y organizar la resistencia que en algún momento crecerá…